Te adornas de jet lag y me visitas sin tarjeta, sin previo aviso, a esas horas en las que nos acecha una realidad distorsionada.
Odio este permiso que te has dado para trastocarme las lunas cuándo te me vas.
Odio no poder escudriñarte esos ojitos que me traen la calma cuando a mi me apetezca.
Odio no poder dormirme con tu pum-pum.
Odio no poder ofrecerte las noches que aún no pertenecen a nuestra piel.
Odio que te hayas instalado en mi cabecita y ahora no quieras salir de ahí.
Odio tener que quererte tanto y tenerte tan lejos.
Odio no poder encontrar en el calor necesario en las mantas. Y no es que mi cuarto sea frío, es que, simplemente, mi cama es todo un universo si no estás tú para tirarme, para arrebullarme contigo, para que me raspes con la barba, para que me estrujes y me abraces por la espalda.
Y ya ni te imaginas lo que odio tener que echar de menos que se me caiga hasta el alma cuando noto tus labios posados en mi nuca.
Básicamente, odio que te marches.
Así que vuelve.
Ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario