Hoy no puedo dejar de imaginarnos. Cuento solo las horas nocturnas, como si por alguna casualidad cósmica no fuera a amanecer y la noche me aplastase contra la cama sin tregua. Imagino humo contigo por toda la habitación mientras de fondo suena alguna canción en bajito para no despertar a quién se atreve a dormir. Imagino que despego las manos del cuerpo para salir volando a las tuyas, no me hables de cielo ni de estrellas. Imagino que eres tú, tu piel y nada más, como si fueras un animal y yo fuera a cazarte, también sin nada de ropa o cualquier otra tontería de por medio. Imagino que te encuentro en la almohada, sonriéndome como si nada, como si nunca fuera a pasar el tiempo, como si no fuese a hacerse de día.

La ciudad duerme a medida que yo voy amaneciendo. O al revés. No sé.
Lo cierto es que me he parado a pensar en tu ausencia, al hueco de verdad y en la falta que me hace respirarte.
Duermo a medida que la ciudad amanece.
Fuera huele a lluvia y frío. A venganza.
¿Quién te dio permiso para salirte de mi cama y dejarme hacerme pequeñita?
Entonces me pilla el Sol imaginándonos...
Y en cuestión de horas nos descubrirá realizándonos.