Confesé a media ciudad que eras las ganas más infinitas que me habían asolado jamás.
Nos preparé zumo de confesiones y tostadas que intentamos alargar hasta medianoche. Calculé que aquel desayuno podría matarme de un empacho...y que bien sabía.
Salir de la cama era algo inconcebible. Solo nos permitíamos pequeñas huidas cuando se quedaba corta, aunque bueno, cualquier superficie/espacio/tiempo se hubieran quedado pequeños para tanto estado salvaje.Nos deseamos por encima de nuestras posibilidades e intercambiamos prioridades por impulsos llevaderos que resultaron adictivos.
Hacerte el amor era recrear una película de esas que te encogen el corazón y te ensanchan el pecho. Hacerte el amor era, en cierta medida, reconstruir atreviéndome a mirar las piezas que quedaban.
Hacerte el amor fue una salvación en cualquier sentido de mis palabras.
.jpg)



