lunes, 30 de diciembre de 2013

Cuestionario no tradicional.


"En mi larga vida de literario, de escritor y de periodista muchas veces he hecho entrevistas y me han hecho, y a veces se usa un cuestionario muy tradicional con las preguntas de siempre, por ejemplo: qué opina de Borges, qué opina del compromiso literatura, cosas así; pero otras veces los periodistas hacen... hacen preguntas para dejarlo tartamudeando a uno ¿no? Entonces esto es mi contribución a esos cuestionarios no tradicionales -a un escritor, claro-:

¿Qué piensa del frío?

¿Qué ha influido más en su obra literaria: la lucha de clases, García Márquez, el colesterol, el grupo de Chicago, lo real maravilloso, los pezones morenos, el estructuralismo, el churrasco, Dios o el Kh3?

¿Cuál es su odio más amado?

¿Padece de insomnio en la siesta?

¿Qué opina del páncreas?

¿Es usted soltero, casado, divorciado, viudo, homosexual, impotente? (favor de subrayar la o las palabras que correspondan a su estado actual)

¿Cuál es su dolor preferido?

¿De cuál de las galaxias se siente más distante?

¿Por qué razón o razones no se ha suicidado?

¿Qué opina del diptongo en general o de algún diptongo en particular?

¿Podría nombrar dentro de su última obra algún caso de analexis interna etéreo-diegética? ¿curable o incurable?

¿Considera que la demencia puede ser un factor de alienación?

¿Es partidario o enemigo de la diéresis?

¿Ha codiciado alguna vez a la mujer de su prójimo? ¿y qué tal?

Y por último…

¿Quién cree que no es, de dónde no viene, a dónde no va?"




*Mario Benedetti*

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Tú duermes, ya lo sé.

Tú duermes, ya lo sé.
Te estoy velando.
No importa que estés lejos,
que no escuche
tu cadencia en la sombra;
no importa que no pueda
pasar mi mano sobre tu cabeza,
tus sienes y tus hombros.

Yo estoy velando, siempre.
No importa que no pueda acurrucarme
para que tú me envuelvas sin saberlo,
para que tú me abraces sin sentirlo,
para que me retengas
mientras yo tiemblo y digo simplemente
palabras que no escuchas.

Yo puedo estar tan lejos
pero sigo velando cuando duermes.














[Julia Prilutzky]

martes, 24 de diciembre de 2013

Mi cuerpo está muerto y mi mente malherida.



No sé como empezar a escribir acerca de algo que no es mío. O de alguien que ya no lo es.
Vivo en una nostalgia constante de caras que se pasean por la calle sin objetivo alguno, en el frío de un invierno estancado en un lugar dónde normalmente hace calor.
Ni me han pintado tan fuerte ni me han escrito con tantas ganas.
Haces frío y el problema siempre soy yo.

El agua ya está helada, pero mi melancólica piel no lo ha notado.
Cuando caí contra el suelo, no recibí tampoco el chillido de protesta de mis rodillas. Tampoco oí el aviso de mis manos cortadas.
No siento siquiera las lágrimas rodar por mis mejillas, las ondas que crean en el agua las han delatado.

El cuerpo está muerto y la mente malherida.




Odio cuando te callas
porque estás más que ausente.

Se supone que antes de morir
toca ser feliz.
¿Ya es mi turno?
¿Qué número toca?


Ya es su turno, señorita. Adelante, venga a pudrirse.

Creo que quiero empezar a romperme y con eso me refiero a empaparme de ti.



Yo soy la tonta que lucharía hasta por Hitler con la esperanza de sacar algo bueno de él.

Por él y por cualquier causa perdida.

Ya deberían saberlo que en breves me estrellaré contra el suelo.


Sed de tu piel.

INFORME SOBRE CARICIAS


1
La caricia es un lenguaje.
Si tus caricias me hablan
no quisiera que se callen.

2
La caricia no es la copia
de otra caricia lejana.
Es una nueva versión,
casi siempre mejorada.

3
Es la fiesta de la piel
la caricia mientras dura
y cuando se aleja deja
sin amparo a la lujuria.

4
Las caricias de los sueños
que son prodigio y encanto
adolecen de un defecto:
No tienen tacto.

5
Como aventura y enigma
la caricia empieza antes
de convertirse en caricia

6
Es claro que lo mejor
no es la caricia en sí misma,
sino su continuación.

[Mario Benedetti]

lunes, 16 de diciembre de 2013

Este año ha supuesto una gran dosis de esfuerzo, fuerza de voluntad, cabezonería y un amor tan grande que no nos cabe dentro.

Lo sabemos mejor que nadie. 
No nos han puesto nunca fácil el camino. Cogiste mi mano y empezamos a andar en una carretera muy mal asfaltada en la que se nos han puesto en nuestra contra todos al primer bache y nos exigían abandonar el viaje. Pero, aunque la paciencia sea de raíz amarga, su árbol termina dando unos frutos muy dulces.


Yo te prometo un para siempre, pero uno de los de verdad.

Te lo debo por todas esas historias que se atrevió a contarme tu piel en estos trescientos sesenta y cinco días.
Te lo debo por todas esas historias que aún nos faltan por vivir y acabar escuchando en el sofá de la izquierda.
Te lo debo por ser mi todo. Además de mi pareja, eres mi amigo, mi confidente, mi compañero, mi psicólogo 24 horas, mi bichito, el chico de los besos a domicilio, mi barbudo, mi casualidad y mi capitán.


Ahora sí, más que nunca
tú das vida.



Gracias, petit,
por aguantarme,
por creernos,
por existir.

martes, 3 de diciembre de 2013

Me marcharé arrastrando los zapatos.

Porque el mundo estaba envidioso de nuestra unión y se puso en nuestra contra.
Y nosotros, en consecuencia, cogimos nuestras armas y luchamos contra él.
Pero tú estás cansado, no estás seguro y yo me he quedado sin motivos para retenerte, para convencerte de que sin ti no puedo, que te necesito a mi lado en la batalla.


Son noches de ceniza, de arder por dentro al recordarte sin querer y a la vez queriendo un poco. A estas alturas, caer es terriblemente fácil si me encuentro avanzando un pie hacia el precipicio que has construido con las manos en tu mente envenenada.



Y la música ya no ayuda, la música me da la mano para que salte al vacío. 






Haces frío y el problema siempre soy yo. Si algún día sientes dentro de ti que merecemos la pena, vuelve a buscarme.
Tú eres el único capaz de decidir: Puedes ser mi vida o un diminuto capítulo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Y vuelves a trastocarme las lunas.





Maldito tu olor, que se me enreda en el pelo y no me suelta, así puedes pasarte horas enganchado en mi memoria.








Y anoche, viéndote dormir, no sé quién de los dos estaba soñando.