martes, 24 de diciembre de 2013

Mi cuerpo está muerto y mi mente malherida.



No sé como empezar a escribir acerca de algo que no es mío. O de alguien que ya no lo es.
Vivo en una nostalgia constante de caras que se pasean por la calle sin objetivo alguno, en el frío de un invierno estancado en un lugar dónde normalmente hace calor.
Ni me han pintado tan fuerte ni me han escrito con tantas ganas.
Haces frío y el problema siempre soy yo.

El agua ya está helada, pero mi melancólica piel no lo ha notado.
Cuando caí contra el suelo, no recibí tampoco el chillido de protesta de mis rodillas. Tampoco oí el aviso de mis manos cortadas.
No siento siquiera las lágrimas rodar por mis mejillas, las ondas que crean en el agua las han delatado.

El cuerpo está muerto y la mente malherida.




Odio cuando te callas
porque estás más que ausente.

Se supone que antes de morir
toca ser feliz.
¿Ya es mi turno?
¿Qué número toca?


Ya es su turno, señorita. Adelante, venga a pudrirse.

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