Hay momentos que rompen y son para dejarse hacer.
Momentos para dejarse abrazar, a piel descubierta, a contra-ritmo y con el corazón descompasado, con la coraza fuera, respirándonos.
Por la inercia y torpeza de quererse a medias y la irresponsabilidad de las ganas.
Aquella primera vez que me metiste en tu cama supe que desde ahí, solo con mover las pestañas, podríamos dominar el mundo.
Y así ha sido.
Me doy cuenta de que el vacío no se llena si no es en tu habitación, contigo, cosiéndome los brazos a tu espalda, contándote los lunares en lugar de ovejas.
Y también me doy cuenta de que la vida puede ser eso que se pasa invirtiéndonos en minutos, horas y segundos.

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