sábado, 22 de marzo de 2014

Hoy me quiero morir y mañana ya veremos.

Hace tiempo que tengo asumido que no volverás, y si lo haces, será con la bandera de paz para otra clase de cariño.

Que se acabó Cuba, la buhardilla, tu culo gordo y tu cabezón. Se acabaron tus poléminas contra el mundo por todo y por nada, los juegos de sábanas, tus manos bailando sobre la guitarra. Se acabó el micrófono del armario, las escapadas nocturnas para infiltrarnos en el territorio durmiente. Y se acabaron las horas muertas en el sofá de la izquierda, las Magic, Platón, Lucas, los enanos y la patrulla.
Que se acabó esa boca que traía paz y esos ojos que me derretían.

Aprenderé a quererte de la forma que quieres, mil veces sufrir en silencio que sacarte de mi vida. Lo intentaré, lo prometo.
Pero mientras, déjame gritar, que llore, me desespere y me muera de asco.
Y al final, algún día, apaga y vámonos, sonrisa en lo alto, cómo si nada hubiese pasado.
Y será mentira porque pasó.
Y permaneces.
Porque haces hueco en el recuerdo y huella en mí, y quemas.
Empiezo a parecer un incendio.



No sé por qué lo escribo todo aquí, pero bueno, aunque no sirva de nada, al menos consigo desahogarme de alguna manera.

Parece que se te ha olvidado
que hace tiempo llovía,
y eso estaba bien,
a pesar del resfriado.



Y, simplemento, nos echaré de menos cada minuto que pase.

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