Desde pequeña, siempre que estaba triste, me contaban que después de la tormenta llega la calma.
Como esa vez que la diminuta nube que tenía por perro se escapó. O esa en la que ingresaron a mi abuelo y se quedó en coma un tiempo. Mi madre tuvo que pasarse muchas semanas en Italia. O cuándo murió Toni. O cada vez que veía a mi padre triste y apático y de repente me dedicaba esa sonrisa que solo a mi me regala.
Todo volvía a la bendita calma que tanto ansiaba.Pues bien, yo NO quiero calma.
No la quiero si no es la tuya.
Dame ese soplo de vida que tanto necesito.

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