martes, 12 de marzo de 2013

Ne me quitte pas.


Desde pequeña, siempre que estaba triste, me contaban que después de la tormenta llega la calma.
Como esa vez que la diminuta nube que tenía por perro se escapó. O esa en la que ingresaron a mi abuelo y se quedó en coma un tiempo. Mi madre tuvo que pasarse muchas semanas en Italia. O cuándo murió Toni. O cada vez que veía a mi padre triste y apático y de repente me dedicaba esa sonrisa que solo a mi me regala.   
Todo volvía a la bendita calma que tanto ansiaba.
Pues bien, yo NO quiero calma.
No la quiero si no es la tuya.




Dame ese soplo de vida que tanto necesito.


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