Olías dulce, a cacao y a mañanas, a frío y a tostadas, a hogar, a morder y morir entre gemidos.
Jugabas a las ganas y ganabas, retrocedían las manos cada vez que me buscabas.
Tuve miedo.
Lo siento.
Empeñado en regalarme tu aire y que yo lo respirase, poniéndome contra la espada y la pared.
¿Para qué? ¿Para dejarme sin aliento?
Ya no tengo miedo.
Ven, anda, respírame un ratito más.
Y vámonos a Cuba. YA.
Perdóname si no le eché cojones, por ser una cobarde, por no dejarte sin palabras al intentar fundirme en ti, sin violencia, vampirizándote.
Pérdoname tú que yo no puedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario