Un beso.
Y otro...
Y otro...
Y otro...
Y la ropa se desvanece, pertenece al suelo.Y otro...
Y otro...
Y otro...
El ritmo lento de la cremallera da lugar a caricias que no piden permiso.
Más allá de lo que es legal, bajas al infierno.
Trazamos constelaciones uniendo cada lunar perdido en el mapa.
Tus labios descienden por mi vientre, deteniéndose en el atlas de mi ombligo.
Tus manos expertas apenas se posan en mis braguitas y ya han desaparecido.
El pulso se acelera.
Tu lengua comienza una revolución en el monte de venus, una pasión caníbal se apodera de tu cuerpo mientras monopolizas mis orgasmos.
Perdemos la noción del tiempo entre gemido y gemido.
Instauras un régimen socialista en mi, el jefe de estado del interior de mi muslo, allá, perdido entre mis piernas.
...
Nunca es suficiente.
Te quiero conmigo ya.

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