En una semana me estaré levantando a tu lado, con tus sábanas pegadas a mi piel.
Me haré un poco más grande y aún seguiré sintiéndome diminuta entre tus brazos.
Me robarás la sonrisa que ni yo sabía que ya tenía entre los labios.
Porque eres el mejor lugar del mundo.
Ahí es dónde voy a pasar cuatro días.
Ahí y en ningún otro sitio, porque soy más tuya que nunca.
Por ley, por derecho, y porque me da la gana.
Pienso robarte los modales que te queden, si aún te quedan.
Te voy a agotar todo el sentido del tacto.
Y me voy a tejer una bufanda con tus cuerdas vocales.
Y al fin seremos tú y yo y ya.
Sin restricciones.
Sin tener que escondernos.
Olvidar por unas horas el despertador.
Hacer ruido. Sin tensiones.
No escaparte de las sábanas.
Y nada más.
Sonríe, que la causa de tu risa frenética sea ver mis pupilas estallar.

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