lunes, 25 de febrero de 2013

Limítate a dejar que te rompa los límites.


Esta noche haré como que sigues en mi cama.
Daré vueltas hasta (no) encontrarte en mis sábanas.
Rebañaré tus ojitos inocentes y tus manos malas.
Arañaré la almohada que tú deberías hacerme morder y que aún no llenaste de ganas.


Y quizás mañana, cuando se me desperece la vida, no me cueste tanto admitir que no estás dando tumbos por mi habitación, pero esta noche... Esta noche quiero dormir poco y mal por falta de espacio.
Y ponerme al despertar de los nervios al ver la colcha por los suelos.
Y quiero que en sueños me busques y me espachurres contra tu pecho, que tu mano traviesa se cuele entre mi ropa, que me beses hasta olvidar mi nombre, dejarme la voz por gritar el tuyo.



No sabes lo importante que son para mí tu voz y tu piel.


Porque, joder,
siempre es así,
tú,
maldito y precioso cabezón.


Te olvidas tu olor olvidado en la almohada,
te enredas en mi pelo y transcurres las horas enganchado en mi memoria.
Normal que tenga esta adicción a ti.



Sé que la sensación que siempre perseguí era la que me recorrió al enamorarme de ti.


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