Y no hay cielo. O, bueno, si lo hay, no me entero de si es azul o gris. Y es que el cielo también tenía que ver con Sara. Decía que yo era el hombre del tiempo, porque siempre acertaba el color que iba a tener al día siguiente o al atardecer.
Hasta que le conté mi secreto: era yo quien lo pintaba por las noches para ella. Y por medio de las nubes le mandaba cantidad de mensajes secretos.
¡Mira esa! ¿Sabes lo que he escrito? Al principio no daba ni una. Pero, poco a poco, llegamos a tener un código nuestro. ¡La de jeroglíficos que inventábamos! Ni los egipcios. Decía que era imposible aburrirse conmigo. Y ya ves. [...]
~ Nunca seré tu héroe ~

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