Te escuché, porque lo merecías y porque yo necesitaba que me llenasen los oídos y el hueco de mis pulmones. Te escuché porque creía que lo tenía todo controlado, que no me ibas a importar así y que cuando yo quisiera podía desengancharme. Te escuché porque tu voz, mezclada con tu risa, me destrozaba los nervios y en el fondo fue lo que siempre necesité.
Pero ya dejé de formar parte de tu capricho. Ahora hazme hueco en el patrimonio de tu olvido.

Haz un pequeño esfuerzo, cómo si los últimos 220 días fueran un puto sueño.
Hazlo por quién te necesita, aunque estés atrapada en la pesadilla.
No habrá lugar en el que me atreva a decir "Estoy bien".
No hay comentarios:
Publicar un comentario