miércoles, 17 de julio de 2013

De cenizas estoy hecha.

Esperarte en la ventana es como dejar que te asesine el Sol muy despacito y luego hacer que la noche te consuele las heridas. Esperarte en la ventana es un ritual casi rutinario y por inercia que me deja la espalda rota, por dentro y por fuera.

Esperar y esperar.

O, más bien, dejarte consumir y, curiosamente, llenar toda la habitación de humo, de asfixiante calor, porque por la ventana solo te espero yo.

Porque solo te espero yo.


No llegues, que no sé hacer otra cosa que esperar.




¿Quién subirá por ti a la luna?
¿Quién bajará por tu edredón?
Si de recuerdo te dejó basura
y una colilla

dentro de tu corazón que nadie apagó.

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