Esperar y esperar.O, más bien, dejarte consumir y, curiosamente, llenar toda la habitación de humo, de asfixiante calor, porque por la ventana solo te espero yo.
Porque solo te espero yo.
No llegues, que no sé hacer otra cosa que esperar.
¿Quién subirá por ti a la luna?
¿Quién bajará por tu edredón?
Si de recuerdo te dejó basura
y una colilla
dentro de tu corazón que nadie apagó.
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