Creo que una buena forma de empezar el año, o incluso este texto, es decir que tu olor se ha quedado en mi camiseta enorme del pijama. O que aún te has quedado enredado en mi pelo y en mi memoria tras esta dulce y primera convivencia.
Los mejores comienzos se fundan con la magia de las primeras veces, con la precaución de querer hacerlo con la delicadeza de trabajar con lo frágil, con las ganas que se despiertan después de tanto tiempo y que se recuerden con una sonrisa. Porque son esos principios que no son necesarios ser mirados con futuro ya que son tan perfectos que solo sale exprimir el día a día y beberse las horas para quedarse con más y más sed.
Para mi sorpresa me quedo sin palabras... y vuelta a empezar.
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