Empezando un texto así, ¿qué mas puedes pedirme?Te regalo el tiempo que no tengo y que nunca fue mío para que lo desperdicies o nos lo comamos juntos en el sofá blanco y marrón.
Porque cuando te miro suelo ver más allá de dónde pueda alanzar mi vista. No te asustes, es otra estúpida forma de contarte que las cosas pequeñas las haces grandes. En ti hay mucho más que unos enormes ojos verdes mirando traviesos, jugando... Y a mi me dan unas ganas infinitas de conocer.
De conocerte y descubrir un poco más. De perderme otra vez entre tus manos, de contar los lunares de tu espalda, de tener cosquillas hasta en las pestañas, de colarme en tu sonrisa, en tu cama, de competir por quién se quiere más justo antes de explotar.
Tengo los bolsillos llenos de agujeros de buscar las llaves de nuestra casa y no encontrarlas, dándome cuenta de que las pocas monedas que me quedaban me las gasté en ir a buscarte. No tengo remedio, no hace falta que me lo digas.
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