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Ninguno de los dos se movía por miedo a romper.
Romper las reglas, romper el aire, romper las barreras, romper las ganas.
De repente se giraron, casi por inercia o quizás por buscar mejores vistas o sabores.
Como animales sin razón ni cordura, apresuraban el tiempo y los besos, se escurrían, se estrujaban mutuamente porque respiraban en conjunto.
Se tocaron hasta conocerse, se sonrieron, se quedaron sin palabras.
Me tenías
y me tienes.
En la totalidad de la palabra.
Con mis pros y mis (muchos) contras.
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