miércoles, 10 de abril de 2013

La sonrisa en la recámara.

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Eran las seis de la mañana pero en aquella habitación el tiempo parecía haberse detenido desde la primera mirada.
Ninguno de los dos se movía por miedo a romper.
Romper las reglas, romper el aire, romper las barreras, romper las ganas.

De repente se giraron, casi por inercia o quizás por buscar mejores vistas o sabores.

Como animales sin razón ni cordura, apresuraban el tiempo y los besos, se escurrían, se estrujaban mutuamente porque respiraban en conjunto.
Se tocaron hasta conocerse, se sonrieron, se quedaron sin palabras.




Me tenías
y me tienes.

En la totalidad de la palabra.
Con mis pros y mis (muchos) contras.

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