Entre todas las cosas hermosas que le pueden pasar a uno en una vida, los abrazos por la espalda merecen una categoría dorada, con altar, brillo celestial y besos medioalrevés-medioalderecho. Y una sonrisa. Al final, una sonrisa.
Una vez escuché que un buen abrazo en el tiempo, momento y espalda indicada, podía ser tan fuerte que hasta sería capaz de parar el tiempo.
Cuando la otra noche volví a conocer tu abrazo, no me lo podía creer.
Ni se me pasaba por la cabeza la mínima posibilidad de que tuviera ese efecto que causó en mí. Es decir, contacto perpetuo, equilibrado, casi perfecto, mejor encajado que cualquier puzzle.Su sabor, vaya, eso si que me fascinó.
Sabía a fresas con azúcar, a nostalgia, a diciembre y a mordisco en los labios. A piel ardiendo, a volver a empezar y a esa esperanza que te llena los pulmones hasta romperte las costillas.
incluso valiente de asegurar que se convirtió en mi canción favorita.
Ya sabemos lo que puedes hacer tú con el simple hecho de rodearme el cuerpo, ¿te atreves a averiguar lo que viene después?
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